Leitmotiv2018-10-30T12:36:19+00:00

 

¿Alguna vez te has preguntado por qué a muchas personas les cuesta levantarse para ir a trabajar?

El camino de nuestra vida viene marcado desde que somos muy jóvenes por las etapas que hemos de ir superando para cumplir un fin social: vamos a la escuela, hacemos bachillerato o formación profesional, nos matriculamos en la universidad y/o empezamos a trabajar.

Superando estas etapas tomamos una inercia que impide cuestionarnos si lo que hacemos es lo que verdaderamente queremos hacer, hasta que llega un día en que nos encontramos en nuestro trabajo y no sentimos pasión.

¿Cómo puede ser?

Sencillamente porque no se nos enseña a enfocarnos hacia nuestra felicidad.

Ante la pregunta de si eres feliz, la respuesta implica hacer una profunda autorreflexión para saber si nuestras  expectativas vitales se cumplen o no.  La falta de reflexión ante la felicidad personal implica apatía y desamor hacia lo que nos rodea, es decir, deshumanización.

Esa deshumanización afecta a nuestras organizaciones ya que las personas no sienten que forman parte de algo que las ilusione.

 

¿Cuáles son las consecuencias de la infelicidad en el trabajo?

La falta de felicidad en el trabajo puede derivar en una apatía permanente que desincentiva dar lo mejor de uno mismo. Esta situación puede incluso tener consecuencias serias para la salud.

En 2011, un estudio de la Universidad de Canberra, Australia (The Psychosocial Quality of Work Determines Whether Employment Has Benefits for Mental Health: Results from a Longitudinal National Household Panel Survey) se llegó a la conclusión que tener un trabajo que odiamos es tan malo para nuestra salud, y a veces peor, que estar sin trabajo. Y en otro estudio realizado por la University College de Londres, recogido en el Daily Mail bajo el titular “Hating Your Job and Unemployment Are Equally Bad for Your Health”, se descubrió que las personas que no se sentían valoradas en sus puestos de trabajo eran más propensas a padecer enfermedades cardíacas.

 

¿Por qué ser felices en el trabajo?

Imaginemos que los empleados se priorizaran a los resultados. Probablemente les ayudaría a sentirse mejor, más cómodos, más queridos y valorados, y aquel entorno hostil llamado trabajo se transformaría en el lugar perfecto para ofrecer la mejor versión profesional de uno mismo.

De ello son responsables los líderes, personas que velan por su equipo, que lo hacen crecer y consiguen que el sentido común se imponga en el entorno laboral. Las consecuencias son el deseo de trabajar en esa organización, de trabajar con esa persona y obtener el máximo rendimiento y crecimiento en el mercado.